Carmelitas Descalzas Altea
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P. René, capellán, Carmelitas Descalzas Altea. 

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15/10/2018

CRECIENDO HACIA DENTRO

Con la llegada del otoño, la naturaleza se abre a la vida, invitándonos al sosiego y a la paz interior. Todo se embellece con unos colores que nos trasladan a nuestro ser más íntimo. Parece que la llamada del eclesiástico: “Te llevaré al desierto y allí te hablaré al corazón” es una clara invitación a vernos por dentro con el ojo del espíritu. Intentemos pues buscar nuestra armonía interior que nos capacite para crecer y madurar por dentro. Busquemos espacios, creando un clima que nos favorezca para escuchar a nuestro Padre Celestial. ¡Cuántas cosas nos tiene preparadas! Escuchemos su voz y sintonicemos con su bondad.

Aprendiendo sobre nosotros mismos.

Todo arte se aprende, todo oficio se enseña. Existe un arte de vivir como existe un arte de amar, y por lo mismo un arte de la vida interior. Este arte tiene sus guías. Entre ellos el más precioso se encuentra en el interior de uno mismo. Poco importa el nombre que se le dé. Se puede, con Agustín, llamarlo el «Maestro interior». Pero debe de ser descubierto. Los otros maestros no tendrán otra función más que la de favorecer este encuentro de uno mismo con el Si-mismo supremo, el elemento más vivo del ser. El arte de la vida interior es sutil. Va desde el conocimiento de uno mismo hasta la iluminación pasando por la ascesis, la concentración, la meditación y la oración. Comporta el aprendizaje de la pobreza interior, del perfecto renunciamiento. Desemboca en el vacío. En el fondo del fondo de la dimensión interior se encuentra un lugar que la mayoría de los hombres no visitan. Se puede nacer, vivir mucho tiempo y morir ignorándolo. Se puede creer tocarlo pero él retrocede a medida que uno se le aproxima, porque él siempre es algo a conquistar, salvo para los perfectos de los cuales él es el lugar esencial. Es el centro de la rueda que permita a esta moverse. Este vacío se llama así porque no sabríamos darle un nombre.

¿Cómo comenzar esta búsqueda?

«Buscar primero el reino de Dios». A esta frase de san Mateo (6, 33) sigue esta de san Lucas (17,21): «El reino de Dios está dentro de vosotros». Así, el cristiano está informado de que debe buscar antes que nada el reino y que este se encuentra en él. Estos dos textos engloban la vida cristiana. Es a partir de ellos que la aventura cristiana comienza y se despliega para dar muchos frutos.

















Aprendiendo sobre nosotros mismos.

Todo arte se aprende, todo oficio se enseña. Existe un arte de vivir como existe un arte de amar, y por lo mismo un arte de la vida interior. Este arte tiene sus guías. Entre ellos el más precioso se encuentra en el interior de uno mismo. Poco importa el nombre que se le dé. Se puede, con Agustín, llamarlo el «Maestro interior». Pero debe de ser descubierto. Los otros maestros no tendrán otra función más que la de favorecer este encuentro de uno mismo



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