P. René, capellán, Carmelitas Descalzas Altea. 

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31/03/2019

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA: EL HIJO PRÓDIGO

Siempre hay tiempo para arrepentirse y tiempo para perdonar. ¿Qué estas esperando?

Los primeros versículos son imprescindibles para comprender esta impresionante parábola del “padre misericordioso” que hoy leemos en la liturgia. A los fariseos y maestros de la ley les escandaliza el comportamiento atípico de Jesús. Murmuran porque acoge a los pecadores y come con ellos. Entonces Jesús les responde con esta parábola que justifica su comportamiento y revela el rostro misericordioso de Dios, con el que Jesús se identifica en su modo de actuar con los pecadores y publicanos. Lo primero que llama la atención en la parábola es que un hijo, el pequeño, no se ha comportado correctamente. ¿Qué es lo que pide el hijo pequeño al padre? ¿Qué derechos tenía para ello?

En una sociedad como es la de Palestina del siglo I, el comportamiento del hijo menor resulta muy chocante. Pide lo que le corresponde, se aleja de casa, de toda protección y trato de amor que en ella se da. Así, simbólicamente, el Padre se muere en su vida. La muerte que merece por ley (Dt 21, 18-21) la encuentra por sus propias decisiones. En el momento en que se ve en un callejón sin salida, el hijo menor medita la posibilidad de volver a casa para saciar su hambre (Lc 15, 17-21). Las motivaciones que le mueven a regresar están llenas de ambigüedades, como la vida de los pecadores y publicanos a quienes simboliza y con los que Jesús se relaciona. Pero no es éste el único alejamiento del que habla la parábola. ¿Qué actitudes, en cambio, muestra el hijo mayor? ¿A quiénes simboliza este otro hijo? El hijo mayor nunca ha abandonado la casa ni el trabajo, pero también se ha alejado del padre: su fidelidad es formal, su obediencia sin alegría ni amor, y su corazón duro, incapaz de perdonar y acoger al hermano que se ha equivocado. Éstos son los fariseos y maestros de la ley, que no aceptan el comportamiento chocante de Jesús, que con su modo de actuar está mostrando un rostro inesperado de Dios. Se encuentran anquilosados en unos esquemas rígidos que no quieren abandonar y con los que pretenden marginar de la salvación a otros. No admiten tener necesidad de perdón, y como no experimentan la alegría que de él se sigue, nunca serán capaces de unirse a la fiesta de la reconciliación que Jesús ha inaugurado con su comportamiento. Frente a estos hijos, ¿cómo se muestra el padre? Ante el formalismo del hijo mayor y el alejamiento del menor, la reacción del padre desconcierta profundamente y desborda todas las expectativas. Toma la iniciativa, se adelanta ante el hijo que se ha alejado, se le conmueven las entrañas, lo acoge, lo abraza con misericordia y, de este modo, elimina todas las posibles ambigüedades de su vástago más pequeño. Mediante una serie de símbolos: vestido, anillo, sandalias, el padre le demuestra que él sigue siendo su hijo. No le importa el honor. El esfuerzo del padre, que simboliza a Dios, concluye con una fiesta del perdón a la que están todos invitados. El padre misericordioso también sale a buscar al hijo mayor, que no quiere unirse a esta fiesta, e intenta recomponer la filiación y la hermandad que había perdido por su obediencia fría y rigorista. También nosotros estamos llamados a participar con alegría en la fiesta del perdón que nace del amor de un Dios que es como el padre de la parábola.



MEDITAMOS Y ACTUALIZAMOS.

Éste es el momento de observar la vida concreta a la luz de la Palabra de Dios.La Cuaresma es para nosotros una oportunidad para convertirnos: recapacitar, ponernos en camino y volver junto al Padre. Pero, sobre todo, es una nueva ocasión para contemplar y saborear el perdón de Dios que surge de un corazón misericordioso como el suyo.

• Cuál es el rostro de Dios que manifiesta la parábola? ¿Qué debo aprender de él?

• Con cuál de los hijos me identifico más a la hora de relacionarme con Dios? ¿Por qué?

• ¿Cómo deberíamos expresar, personal y comunitariamente, el carisma de la misericordia?

• ¿Cómo hace el hijo menor y el mayor su itinerario hacia el Padre?

• ¿En qué se fundamentan y a qué apuntan ambos caminos de conversión?

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