Carmelitas Descalzas Altea
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P. René, capellán, Carmelitas Descalzas Altea. 

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07/01/2019

El camino, la verdad y la vida

El hombre que se plantea con seriedad su vida puede encontrarse ante el vacío y ausencia de sentido, puede experimentar una profunda soledad y desconcierto ante los grandes interrogantes de su existencia:

· ¿cuál es el sentido de la vida?,

· ¿existe la verdad como plenitud y aspiración profunda?,

· ¿qué camino debo recorrer en esta búsqueda?

Parece que el hombre está huérfano, que no tiene referencias claras que le conduzcan y le guíen. Sin embargo, esta soledad es solo aparente: desde que fue expulsado del paraíso, Dios no ha abandonado nunca al hombre en esa búsqueda de sentido personal y de sentido de la Historia. Pero es en la encarnación donde Dios se da a conocer de una forma definitiva. Jesús se propone a sí mismo como el camino, la verdad y la vida. Afirmación arriesgada en cualquier tiempo y, especialmente, en nuestros días. No habla de un camino posible, de mi verdad o de una forma de vida más. Esa exclusividad que se arroga parece pretenciosa.

El mensaje de Cristo ha sido recibido de muchas formas, pero hoy es especialmente rechazado porque choca frontalmente con la cultura relativista que descarta, a través de la duda, la existencia de la verdad; y propone multitud de caminos que constituyen un laberinto vital más que una respuesta real y que conducen al hombre hacia el extravío. Hoy hablamos de “mi verdad”, “mi vida” o “mi camino”, soluciones parciales a estas grandes cuestiones.



Frente a las múltiples opciones que la sociedad ofrece, caminos en los que se ha renunciado a Dios, la respuesta de Jesús es clara y definitiva: yo soy el puente hacia el Padre, yo soy su rostro y quien me sigue a mí descubre al Padre. Y es en este movimiento hacia Dios Padre, y con la acción del Espíritu Santo, cuando es posible descubrir las claves de nuestra identidad que nos permiten vivir el presente y caminar hacia el futuro en la esperanza y confianza de un destino pleno de sentido.



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