Carmelitas Descalzas Altea
      " Vivir en obsequio de Jesucristo "

  ADVIENTO

Es un tiempo de búsqueda, de encuentro contigo mismo, de cambios y de silencio interior. Te proponemos seguir las cuatro semanas con estas reflexiones para que, con tu esfuerzo y la ayuda del Señor, cambies tu vida. Sólo así será una Navidad que te ha hecho crecer y madurar en tu vida.

 

3ª SEMANA DE ADVIENTO: LA ALEGRÍA. “Os lo repito estad alegres”

Navidad tiene que ser un tiempo de profunda alegría. Ha nacido nuestro Salvador: el niño Jesús. Sin embargo, todos conocemos a alguien o hemos escuchado, como para muchos es tiempo de nostalgia, tristeza e incluso depresión. Las razones que explican ese fenómeno son muy variadas. Muchos de ellos son totalmente comprensibles. Hay muchas personas que necesitan hasta algún tipo de ayuda profesional.

¿Cómo no alegrarse si Dios se hace hombre? Lo eterno se hace finito. El Todopoderoso se hace un niño indefenso. El Dios del Universo, se viste de pañales, y nace en un establo, entre animales. En medio a la pobreza, la suciedad, lo precario, lo humillante… ¿Quién de nosotros puede sentirse “avasallado” por Él? No es posible tenerle miedo. Un bebé, que nace en un lugar como ese pesebre, ¿qué puede asustarnos? Más bien, pareciera como si estuviese pidiendo que lo ayudemos, que lo acojamos, pues necesita nuestro cariño. Necesita nuestra protección, como todo niño recién nacido. Es como si ya desde el nacimiento se estuviera arrodillando a nuestros pies, tal cual, en la Última Cena, para servirnos, poniéndose en nuestras manos.

Para eso ha venido. Para traernos la alegría, el gozo y la felicidad. Nos ha traído la victoria sobre la muerte y el pecado. Su encarnación y nacimiento ha marcado un hito en la historia de la humanidad. Ya la vida del hombre no puede seguir siendo la misma. Es un acontecimiento de tal magnitud, que no podemos permanecer indiferentes.

Se hizo hombre. Por lo tanto, Dios elevo la dignidad del ser humano a una dignidad divina. Esto es importante de comprender. Ahora, ya no somos simplemente creaturas, sino hijos en el Hijo, y por lo tanto, herederos de toda su Gloria. Junto con Jesús, la humanidad se hizo divina. ¿Cómo no alegrarnos? ¿Cómo consentir la tristeza o nostalgia? Ya sé que podemos recordarnos de aquellos momentos en los que estábamos con nuestros padres o abuelos, o un familiar muy cercano. Quizás mi pareja o uno de mis hijos. Quizás uno de mis mejores amigos… Tantas cosas que pasaron y pasan en nuestra vida. Pero en vez de sufrir y entristecernos, aprovechemos estas fechas para abrirnos a la alegría que nos trae el niño Jesús.

No miremos las dificultades y cruces de la vida. Fijemos la mirada en Dios, que vino a salvarnos. Abramos el corazón y espíritu a la gracia de Dios, que quiere nacer en el corazón de cada uno de nosotros. El día 25 es una fecha que celebramos el hecho del nacimiento de Cristo.  Pidámosle que, más allá de las condiciones en que nació Jesús, así como las circunstancias por las que podamos estar pasando ahora, sea la alegría lo que llene nuestro corazón de gozo y felicidad. Jesús es el único que viene a dar sentido auténtico a la vida. Irradiemos a todos nuestros familiares, amigos y conocidos la razón de nuestra alegría: el nacimiento de Jesús, ¡navidad es Jesús!

PROPUESTA:

En esta semana plantéate si eres capaz de buscar una alegría que sea profunda. No tengas miedo de adentrarte en ti mismo, y buscar, buceando los motivos que tienes, como cristian@ para tener una alegría que nace en la buena noticia del evangelio. Lee y medita la parábola del sembrador (Mateo,4:1-9).

Momento de oración: ¿Cómo despierta Jesús mi alegría?


P. René, capellán, Carmelitas Descalzas Altea. 



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21/10/2018

EL EVANGELIO NOS COMPROMETE ¿ESTÁS DISPUESTO?

Los tiempos que vivimos, exigen una lectura y meditación atenta del evangelio. Desconocerlo es vivir en la ceguera espiritual. Si no hay un compromiso claro como cristiano nos lleva a vivir de espaldas a Jesús. La sociedad nos marca ritmos y con facilidad caemos en ellos. Ser luz en los tiempos que corren, exige de nosotros una constante conversión, para no perder nuestra identidad como creyente.

Jesús había dado una misión importante a la Iglesia en la persona de los apóstoles. Les había dicho, antes de subir al cielo: «Id, pues, y haced discípulos de todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 20).

Les había advertido de las dificultades que iban a encontrar para cumplir esta misión: «Mirad que os envío como corderos en medio de lobos: sed entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10, 16).

Él sabe que las dificultades les van a dejar paralizados y les van a hacer difícil la misión que les ha encomendado, por eso hoy les dice: «No tengáis miedo a la gentes, porque el Padre cuidará de vosotros» (Mt 10, 26. 30); «a quien se declare a favor mío delante de la gente, yo me declararé a favor suyo delante de mi Padre» (Cf. Mt 10, 23).

Les exhorta para que, a pesar de los miedos que les van a acechar, no dejen de cumplir la misión, para que, a pesar de las dificultades, no hagan concesiones en contra del evangelio. Les anima a que no se dejen vencer por el miedo, porque están en las mejores manos que pueden estar: en las manos de Dios.
El tema de la valentía, el coraje y la fortaleza es muy importante en todos los momentos de la historia para todos los discípulos de Cristo, pero hoy, yo diría que es especialmente importante. 

Vivimos un momento donde el evangelio y el seguimiento de Jesús están en baja cotización. Por otra parte las críticas, las incomprensiones, los juicios condenatorios contra la Iglesia y cuantos anuncian el evangelio están a la orden del día.

Hoy necesitamos ser verdaderamente valientes, tener coraje y la fortaleza necesaria para ser fieles a la misión que el Señor nos ha encomendado a la iglesia entera y cada uno de nosotros miembros de la misma. El señor nos hace una llamada a ser fieles cada uno personalmente y también como comunidad cristiana.
No podemos ceder ante los miedos que nos producen las críticas y la actitud de los que no creen, ni a las presiones a las que nos somete la sociedad secularista y sin Dios, cuya actitud es que nos ocultemos, que no nos manifestemos como creyentes, que nuestra fe la vivamos cuando estemos solos, a nivel personal y privado.

Todos debemos sentirnos llamados a ser testigos valientes del Evangelio de Jesús en el mundo y en la Iglesia, porque es el Señor quien nos dice: «Alumbre así vuestra luz delante de los hombres, para que viendo vuestra buenas obras glorifique a vuestro Padre que está en el cielo» (Mt 5, 16).

A esta valentía para «llevar el mensaje Salvador al corazón del mundo», que diría san Juan Pablo II, nos anima la certeza de que no estamos solos, que Dios no está ausente ni se desinteresa de lo que sucede a los discípulos en el cumplimiento de su misión, sino que se preocupa por ellos, les acompaña y les ayuda. «No os dejaré huérfanos, el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, os enseñará todo y os recordará lo que os he dicho» (Jn 14, 18.26).

Debemos ser conscientes de cuáles son nuestros miedos en el cumplimiento de nuestra misión como seguidores de Jesús, para luchar contra ellos y que nada ni nadie nos impida por miedo cumplir con lo que el Señor nos ha encomendado, para que el mundo crea en el Señor, se convierta a su mensaje y se salve.



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